
Davide Ibrahim
El académico italiano Davide Ibrahim propone una reflexión profunda y necesaria sobre un tema que ha ido cobrando cada vez más relevancia en la teología evangélica contemporánea: el pecado socio-sistémico. En su análisis, Ibrahim muestra cómo, especialmente en los últimos dos siglos, el pensamiento evangélico ha ido ampliando su comprensión del pecado, pasando de una visión centrada casi exclusivamente en lo individual hacia una que también reconoce su dimensión colectiva, cultural e institucional.
El punto de partida es claro: el pecado no se limita al ámbito privado del corazón humano, sino que, cuando se repite y se comparte socialmente, termina arraigándose en estructuras, tradiciones y sistemas que moldean la vida en común. Sin embargo, Ibrahim también subraya que esta ampliación no implica abandonar la centralidad del pecado personal ni la necesidad de la redención en Cristo, sino más bien comprender cómo ambos niveles —personal y estructural— están profundamente entrelazados.
Para desarrollar esta idea, el autor recurre a tres figuras clave en distintos contextos históricos y culturales. En primer lugar, Abraham Kuyper, quien, desde su teología pública, ofrece una visión rica sobre cómo el pecado desordena las distintas “esferas” de la vida —como la familia, la iglesia o el Estado—. Kuyper muestra que el pecado no solo corrompe al individuo, sino que también distorsiona las estructuras creadas por Dios, generando injusticias y abusos de poder. Aun así, introduce el concepto de “gracia común”, que permite que, incluso en un mundo caído, exista cierto orden y posibilidades de cooperación para el bien común.
Luego, desde América Latina, René Padilla aporta una perspectiva marcada por su compromiso con la realidad social. Frente a una teología que había reducido el pecado a actos individuales, Padilla insiste en que este también opera como un sistema que esclaviza y moldea a las personas. Su propuesta de la misión integral llama a una fe que no solo transforma el corazón, sino que también se expresa en responsabilidad social, denunciando las injusticias y participando activamente en la transformación de la realidad.
Finalmente, Timothy Keller profundiza en cómo la idolatría del corazón humano puede convertirse en idolatría estructural. Lo que comienza como un desorden interno —la búsqueda de identidad, seguridad o valor fuera de Dios— termina cristalizándose en prácticas sociales, culturas y sistemas que perpetúan exclusión e injusticia, como en el caso del racismo. Keller insiste en que, aunque estas estructuras pueden operar incluso sin intención consciente, no eliminan la responsabilidad personal, sino que la complejizan.
En conjunto, Ibrahim nos ofrece una síntesis equilibrada y profundamente bíblica: el pecado socio-sistémico no es una alternativa al pecado personal, sino su extensión natural en la vida social. Frente a ello, el Evangelio sigue siendo el centro. Solo la gracia de Cristo puede transformar el corazón humano y, desde allí, abrir caminos hacia una renovación real de las estructuras, invitando a la iglesia a vivir una fe que sea, al mismo tiempo, personal y pública, humilde y comprometida con la justicia.
Si deseas leer el artículo completo, está disponible en inglés en el siguiente enlace.
El artículo forma parte del número de Studi di teologia n.º 75 (2026), revista italiana de teología reformada. Puede encontrar el índice completo del número aquí (página en italiano). Puede traducirla automáticamente con herramientas en línea.
*The article is part of the issue of Studi di teologia n. 75 (2026), Italian Journal of Reformed Theology. You can find the full index of the issue here
