El arte y el sufrimiento: una reflexión a través de la soberanía de las esferas

Por Jessica Rosales G. PhD

Desde nuestra perspectiva neocalvinista, el arte y las emociones ocupan un lugar fundamental en el florecimiento integral de la humanidad y en la manifestación de la belleza del Reino de Dios en medio del mundo. El arte nos permite contemplar y expresar tanto la belleza de la creación como el dolor de una realidad marcada por la Caída, mientras que las emociones nos permiten experimentar esa realidad y conectar profundamente con quienes nos rodean.

Esta comprensión encuentra un sólido fundamento en el pensamiento del filósofo reformado Herman Dooyeweerd, quien identificó quince modalidades de la realidad, entre ellas la esfera estética y la esfera sensitiva. Lejos de ser elementos secundarios de la experiencia humana, estas dimensiones revelan aspectos esenciales de la creación y nos invitan a vivir de manera más plena, creativa y relacional.

Con esta convicción, compartimos el artículo y el poema que sigue. Originalmente escrito en inglés, fueron concebidos pensando en una audiencia bilingüe y con el deseo de dialogar también con el contexto norteamericano. Aunque las experiencias de inmigración y exilio también forman parte de esa realidad, quienes hemos emigrado desde América Latina solemos enfrentar estos procesos desde desafíos particulares y matices propios de nuestra historia. Sin embargo, creemos que el sufrimiento, el desplazamiento, la esperanza y el anhelo de pertenencia son experiencias profundamente humanas que pueden tender puentes entre culturas y entre las diversas historias de vida.

Nota: Los enlaces al podcast y a los perfiles de los creadores se encuentran al final de esta publicación.

Cruces en el desierto: Donde el amor nunca muere — Un poema

Hace algún tiempo escuché un episodio de podcast que presentaba un conmovedor documental titulado Cruces en el desierto. Esta producción, galardonada en el prestigioso Third Coast International Audio Festival en 2020, narra la extraordinaria labor del artista colombiano Álvaro Enciso, quien recorre el Desierto de Sonora, en Arizona, colocando cruces de madera en los lugares donde se han encontrado los cuerpos de migrantes que perdieron la vida durante su travesía. A través de su recorrido, la obra entrelaza la expresión artística de Enciso con los desgarradores testimonios de personas que dejaron atrás sus hogares y arriesgaron todo en busca de una vida mejor.

Esta obra dejó una profunda huella en mí como inmigrante latina en Norteamérica. A lo largo de los años, he tenido la oportunidad —aunque dolorosa— de escuchar y acompañar las historias de amigos queridos que cruzaron ese mismo desierto, que dependieron de un coyote y que aún viven con las heridas físicas, emocionales y espirituales que dejó aquella experiencia. Como cristianos, no podemos permanecer indiferentes ante estas historias de sufrimiento, sacrificio y esperanza que forman parte de la realidad de tantas familias y comunidades. Aunque muchas veces estos relatos llegan desde lejos y nos sentimos impotentes para actuar, la obra de estos artistas nos invita a detenernos. En la mezcla de la belleza del arte y el sufrimiento, tal vez el verdadero impacto sea ese: conmovernos, despertar nuestra empatía y cultivar una mayor sensibilidad hacia quienes sí están hoy a nuestro alrededor, para así amar profundamente a nuestro prójimo.

La obra de Enciso no solo preserva la memoria de quienes quedaron en el anonimato; también despierta nuestra sensibilidad y nos invita a responder al sufrimiento humano con compasión. Surgido de las experiencias de tantas madres que contemplan a sus hijos partir hacia un futuro incierto, el siguiente poema narra una historia tejida con vivencias compartidas. A través de la voz de una madre que pierde a su hija en el desierto y que transita por el dolor de la ausencia, descubre que la esperanza de la resurrección y la vida eterna ayuda a iluminar la más profunda oscuridad.

Donde el amor nunca muere

Carmen, te rogué que no partieras,
te prometí que el dolor pasaría.
Aprendimos a sufrir noches enteras,
a resistir la sombra de la agonía.
Bajo el hambre que golpeaba nuestra vida,
nuestro corazón se hizo como cristal;
aprendimos a llorar en la herida,
a caminar con fuerza hasta el final.
Carmen, desde niña soñabas despierta,
nunca te rendiste ante la necesidad.
Buscabas una pequeña puerta abierta,
un camino hacia el pan y la dignidad.
Te fuiste muy lejos buscando un destino,
dejando tu tierra, tu casa y tu hogar;
en una nación extraña abriste camino,
trabajando por los tuyos sin descansar.
Cada mes enviabas con amor tus ganancias,
para que a tu familia no le faltara el pan;
mientras escondías tus propias añoranzas
detrás de un “estoy bien, mamá, no llores más”.
Cada noche oraba por ti con profundo temor,
por las noticias que anunciaban más dolor;
sabía que la persecución te alcanzaría,
y que el camino incierto pronto comenzaría.
Dijeron que huiste hacia la arena,
que buscaste refugio en el desierto,
como Israel cruzando su condena,
caminando hacia un futuro incierto.
Soñabas volver a tu tierra prometida,
encontrar descanso después del dolor;
pero el desierto apagó tu vida,
aunque nunca apagó tu amor.
Así como Dios hizo del desierto un lugar sagrado,
donde su presencia volvió a brillar,
allí quedó tu último camino trazado,
allí te esperé sin dejar de esperar.
Oh Señor, quita este dolor profundo,
esta herida que no puedo borrar.
Solo quería, en este mundo,
ver a mi hija una vez más regresar.
Perdóname, Señor, Tú también perdiste un Hijo,
perdóname por olvidar tu dolor.
Tú conoces cada lágrima que derramo,
Tú compartes conmigo este clamor.
La única luz que rompe mi oscuridad,
la esperanza que sostiene mi corazón,
es saber que tu Cristo volverás con eternidad
y sanarás toda nuestra aflicción.
Enjugarás las lágrimas de mis ojos,
y encontraré a mi Carmen querida;
allí no habrá llanto, ni muerte, ni dolor,
la veré nuevamente, restaurada y con vida;
¡Sí, allí donde nunca muere el amor!

Artista:            Alvaro Enciso

Podcast:          https://lasraraspodcast.com/episodio/cruces-en-el-desierto/

Ilustración:      Soledad Águila

Poema:                        Jessica Rosales G.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio